Existiría un esquema corrupto, compuesto por jueces, policías, políticos y funcionarios públicos que apaña las acciones ilegales.
Los inmigrantes brasileños con sus descendientes brasiguayos ya son mayoría en la zona alta del Canindeyú, compuesto por los distritos de Salto del Guairá, La Paloma, Caballero Alvarez, Catueté, Nueva Esperanza y gran parte de Corpus Christi.
Para muchos, ellos representan los "bandeirantes modernos" que sin usar la violencia y el terror en forma directa como sus antepasados, van apoderándose de gran parte de nuestro país.
El proceso de ocupación pacífica empezó hace casi 50 años en esta zona. Al comienzo venían detrás de los rollos de madera, luego trasladaron sus aserraderos en nuestro territorio para explotar mejor nuestra mayor riqueza natural. En un momento dado, en las décadas de los 80 y 90, los brasileños instalaron más de cien aserraderos en la zona, el 90 por ciento en forma ilegal, que poco a poco fueron desapareciendo, con la aniquilación de la madera. Por otro lado, de hacia la frontera seca o del Paraná empezaron a ingresar en forma lenta pero continua para poblar las regiones más ricas de nuestro país. Otros compraban miles de hectáreas de bosques por "control remoto". Empresarios que, sin conocer nuestro país en ese entonces, eran dueños de inmensas propiedades.
La explotación empresarial comenzó con la ganadería. Luego, con el "boom" de la soja empezó la limpieza de campos para la agricultura mecanizada. Ambos negocios provocaron la destrucción sistemática de miles de hectáreas de bosques, sin el más elemental respeto de las leyes de nuestro país.
De entre las dos formas de explotación de la tierra, sin embargo, el más violento fue la agricultura. En miles de hectáreas, no queda un solo palo parado. Luego, empezó la parte más inhumana: la expulsión de los colonos, paraguayos en su mayoría, de las pocas poblaciones que existían en las zonas rurales de los distritos. Y aunque pareciera que ya no había dónde introducirse, siguen encontrando lugares. Actualmente los brasileños están en pleno proceso de usurpación de las propiedades indígenas e incluso invadieron grandes extensiones de reservas y perímetros protectores de la Itaipú Binacional.
También siguen en el aprovechamiento de la riqueza forestal de nuestro país. Si bien la exportación de madera aserrada cayó al mínimo, sigue habiendo. Pero encontraron la forma de limpiar definitivamente la zona convirtiendo en carbón lo poco que sobra de lo que alguna vez fue conocida como el infierno verde del Alto Paraná.